Ándome ya un poco mayor, pero no cabe duda de que esta vida tiene constantes sorpresas apostadas en los minutos, en las horas que siguen desarrollando su singladura en nuestro tiempo, en nuestros días, en nuestro deambular cotidiano.
Que sorpresa puede ser más agradable, para este “escolar”, que el normal aprendizaje, que la perfecta transmisión de conocimientos de una persona a otra, que la enseñanza de la comunicación que tanto y tanto me atrae.
La sorpresa tiene nombre y apellido, José Hermida, de profesión comunicador, comunicador con quién sea y sobre lo que sea, titiritero de la palabra y Sensei de la expresión, el cual y como un auténtico huracán de conocimientos ha tenido a bien transmitirme una parte de todo ese montón de guiños a las relaciones humanas, porque está claro que la comunicación no es ni más ni menos que la fina línea que nos separa de la etología zoológica.
Gracias a sus enseñanzas he conseguido afianzar mi línea, reforzando su frágil contextura y confiriéndome mayor capacidad para saber diferenciarme de esos otros géneros y especies.
Por mi profesión creía que me había encontrado con todo tipo de personas, pero me faltaba alguien …..
…. el que representa al equilibrio del trato
José Manuel
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Yo no lo hubiera contado mejor, José Manuel.
José Hermida es un filósofo de la comunicación.
Me lo imagino en otra vida como un maestro zen iluminando la vidas de sus alumnos a la orilla del río Ganges.
Decía Jiddu Krishnamurti en el Libro de la Vida:
"Nuestro escuchar es siempre con una idea preconcebida o desde un punto de vista particular. No escuchamos simplemente; se interpone siempre la pantalla de nuestros propios pensamientos, de nuestras conclusiones, de nuestros prejuicios. (...) Para escuchar tiene que haber quietud interna, una atención relajada; hay que estar libre del esfuerzo de adquirir. este estado de alerta y, no obstante, pasivo, puede escuchar lo que está de más allá de la conclusión verbal. Las palabras confunden; son sólo medios exteriores de comunicación, pero para comunicarnos más allá del ruido de las palabras, en el escuchar, tiene que haber una pasividad alerta. Los que aman pueden escuchar, pero es extremadamente raro encontrar a alguien que escuche. Casi todos vamos en pos de resultados, queremos alcanzar metas; estamos siempre venciendo y conquistando; en consecuencia no escuchamos. Sólo cuando uno escucha, oye la canción profunda de las palabras".
José Hermida nos ha hecho escuchar la canción profunda de las palabras. Muchas gracias maestro.