El miniconsumismo
Llegan las navidades. Sujeta la VISA, la American Express, la tarjeta del Corte Inglés, la de Carrefour, la Affinity… o te morderán donde más duele. Pero no, no seamos ratas. Es el momento para derrochar, de tirar la casa por la ventana. “Nada de jamón serrano, habiendo ibérico…”. ¿Y el cava? “Que se lo quede Carod, habiendo champán francés…”. Nos sentimos generosos, espléndidos, derrochones, habiendo extra…
¡Cuantos regalos!, hasta el cuñado que el resto del año te parece un perfecto gilipollas, tiene su regalo por Navidad. Tenemos el corazón tierno, tan tierno que no reparamos en gastos. Venga un kilito de angulas, este año sólo cuestan 900 euros. Realmente con ajito y guindilla no sabrías distinguirlas de la Gula del Noooorte, pero no vamos a ser unos miserables. Además, estas tienen ojito y te lo guiñan como diciéndote “cómeme”.
Consumimos más. Gastamos más. Pero es lo de menos. Es Navidad. Pero hay otra forma de consumir menos en Navidad y, en general. Y no me refiero a hacernos judíos para evitar celebrar el nacimiento de Cristo (si, recuerda, todo comenzó en Belén). Conviértete en “downshifter”, un tipo corriente que se conforma con un trabajo corriente con menor sueldo con tal de pasar más tiempo con su familia corriente y moliente. Un señor o señora que mira a la vida con una voluntaria simplicidad, que gasta lo que necesita, no lo que le quieren vender con insistente machaconería. Un libro mítico dentro del movimiento downshifter: “Tu dinero o tu vida”, obra de Joe Domínguez, daba estos consejos:
— Cancele todas las tarjetas de crédito menos una, y resérvela sólo para las emergencias.
— Funcione con una sola cuenta bancaria, guarde el talonario bajo llave y pague siempre al contado.
— Lleve una cuenta diaria de gastos.
— Hágalo usted mismo. Aprenda a reparar su casa y su vehículo.
— Renuncie al coche y, si es imprescindible, compre uno de segunda mano. Use el transporte público o comparta el vehículo con otros compañeros de trabajo.
— Practique el "comparison-shopping": comparar precios en al menos cinco tiendas. Renuncie a regalos superfluos.
El problema es que gracias a las hipotecas de por vida, los mileurismos, los divorcios con una mano delante y otra atrás y los exorbitantes precios del euro, este país se está convirtiendo en un país de involuntarios “downshifters”. Un creciente rebaño de desafortunados deudores que gastan y deben más de lo que ingresan. Y porque es navidad seguirán gastando, porque se lo dice la publicidad, porque se lo pide el cuerpo, porque si no quedarán mal con el gilipollas de su cuñado y no es cuestión de hacerse mala sangre por Navidad.
Y para ejemplo extremo de downshifting, la casa que se ha hecho Dee Williams, una americana fan del puño prieto. Un tanto exigua pero coqueta, además, te puedes ir de vacaciones sin salir de casa. Que no la vea la ministra de vivienda, no vayamos a darle ideas.
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Cago en tó dijo
Tomémoslo con un poco de humor.
21 Diciembre 2006 | 01:17 PM